2016: más personas con teléfonos móviles que con electricidad o agua potable

2016

2016 se despide como un año extraño, hostil, incluso terrorífico. Nos gusta el dramatismo. Echando un vistazo a los datos podemos ver algunos de los desafíos a los que nos enfrentamos, pero también los progresos que hemos hecho hacia un futuro mejor y más pacífico, próspero y sostenible.

O estamos en vías de lograrlo, si lo sabemos conducir. Las TIC son parte fundamental en ese avance, pero hay que acompasar velocidad y oportunidad para superar los obstáculos tradicionales que impiden que la revolución digital alcance su pleno potencial transformador.

Según el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2016 del Banco Mundial, Digital Dividends, más del 40% de la población mundial tiene acceso a Internet, y sigue sumando nuevos usuarios cada día. En el 20% de los hogares más pobres, casi 7 de cada 10 tienen un teléfono móvil. Es decir, para los hogares más pobres  tienen más fácil (o les importa más) tener acceso a teléfonos móviles que a los aseos o a agua limpia.

Más allá de la anécdota y de lo curioso del dato estadístico, lo que aflora del informe es que el acceso a los teléfonos móviles ha aumentado en los países de ingresos bajos y medios, pero muchos de los otros beneficios de la revolución digital -como mayor productividad, más oportunidades para los pobres y la clase media, y gobiernos y empresas más responsables- aún no han llegado.

El informe concluye que se deben hacer mayores esfuerzos para conectar a más personas a Internet y crear un ambiente que haga que los beneficios de las tecnologías digitales lleguen a todos. Hay que invertir en infraestructuras, en la educación y en la salud de las personas, en crear un adecuado entorno para la promoción y el desarrollo de empresas, y en fomentar la buena gobernanza. En los países donde estos fundamentos son débiles, las tecnologías digitales no han conseguido disparar  la productividad o reducir la desigualdad. Aquellos países que complementen las inversiones tecnológicas con reformas económicas más amplias, cosecharán dividendos digitales en forma de más crecimiento, más puestos de trabajo y mejores servicios. 

Se supone que hablamos del análisis para países en vías de desarrollo, pero -salvando las distancias- no suena muy distinto de lo que necesitamos en Europa y particularmente en España. A ver qué dan de sí los próximos 365 días…

 

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