Netflix ya es 100% cloud con servicio basado en la nube de su competidor: Amazon

Netflix anunciaba el jueves que después de una transición que arrancó en 2008, en enero ha culminado este proceso y ha migrado todo su negocio de streaming a la nube. Netflix ha pasado a ser una empresa 100% cloud.

(Realmente, más bien 98%, porque su negocio tradicional de alquiler de DVDs sigue estando basado en un CPD propio tradicional… Pero bueno… No me estropeen el titular. Aunque parezca mentira, en pleno 2016, Netflix aún tiene 4,5 millones de usuarios en el servicio de préstamo de DVDs)

Es interesante ver cuál fue el motivo que le hizo a Netflix plantearse la migración de un entorno propio al entorno cloud: cuando en agosto de 2008 sufrieron una corrupción en su base de datos principal y durante tres días no pudieron enviar el DVD a sus clientes. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que tenían que alejarse de los puntos únicos de fallo, como bases de datos relacionales alojadas en su CPD, e evolucionar hacia sistemas altamente fiables, escalables, y distribuidos… en la nube.

En la nube de Amazon, para ser exactos.

Merece la pena la lectura del post en el blog de Netflix. Es un buen resumen de las bondades de un servicio cloud, aplicado a un caso real: Netflix ha multiplicado por 8 el número de suscriptores de su servicio desde 2008 a esta parte, necesitaban poder evolucionar con rapidez, incorporar nuevas funciones que requerían muchos recursos e incorporar grandes volúmenes de datos. “Simplemente, no nos daba tiempo ni a enrackar servidores lo suficientemente deprisa”. No es de extrañar. Netflix representa a día de hoy el 40% del ancho de banda total de Internet, por delante de YouTube, que representa el 15%, y Facebook, que representa el 2,7%. Sin la elasticidad de la nube es imposible responder a estas necesidades y mucho menos agregar miles de servidores virtuales y petabytes de almacenamiento en cuestión de minutos.

Casi todo son ventajas, pero siempre hay algún inconveniente. Netflix ahora es completamente dependiente de Amazon, y eso puede suponer problemas, como sucedió el pasado mes de septiembre, cuando un problema técnico en la base de datos de AWS causó una interrupción temporal del streaming de Netflix para algunos clientes, o problemas de fallos eléctricos, como en la Navidad de 2012, que Netflix reconoció y por el que se disculpó. En cualquier caso -y no sólo para Amazon, sino para la mayoría de los grandes proveedores cloud-  la disponibilidad del servicio se garantiza al 99,99%, lo que significa que el servicio sólo estará caído durante menos de 53 minutos por año, en el peor de los casos.

Netflix no ha revelado cuál es el coste del servicio con Amazon. Tan sólo dicen que en 2016 van a gastar más de 800 millones de dólares en tecnología y desarrollos, pro encima de los 651 millones que invirtieron en 2015. Según su último informe de resultados, Netflix gasta menos en la tecnología que lo hace en la comercialización, por poner una referencia.

Por otro lado, es curioso que Amazon sea el soporte de Netflix. Los dos compiten en el ámbito del streaming de series y películas, como se vio en la última gala de los Globe Awards, y sin embargo, se necesitan mutuamente. Una reedición de otros casos similares, como la relación de amor-odio entre Samsung y Apple, donde el uno pugna por vender más terminales que el otro, pero el uno (Samsung) obtiene unos resultados económicos espectaculares gracias a la explosión de ventas del otro (Apple y las ventas de los terminales iPhone 6s y 6s Plus, que llevan incorporado un chip que fabrica Samsung). ¿Cooperación competitiva, llamaban a esto? ¿Coompetición? Paradojas de las TI.
Vía Netflix

 

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