Colaboraciones público-privadas para las TIC, un modelo desaprovechado

Estonia no se fía de su vecina, Rusia. Este pequeño país de 1,3 millones de habitantes tiene el 95% de sus servicios gubernamentales completamente digitalizados y online. Aparte de la ciberamenaza global, tienen en su vecina Rusia el principal foco de preocupación, más tras contemplar lo que ha sucedido en Ucrania y cómo Moscú ha ejercido su influencia -por decirlo suavemente- sobre un país soberano. Además, en 2007 Estonia ya sufrió una batería de ciberataques en varios de sus portales oficiales tras el anuncio de que iban a retirar varias estatuas de la era soviética. Todo apuntaba a que el origen de los ataques estaba en Rusia, por más que Moscú nunca lo reconociese.

El primer ministro estonio, Taani Roivas, afirma que “Tenemos que mirar si nuestros sistemas de información son físicamente vulnerables. Todas las posibles amenazas deben ser examinadas. Tener algunos registros estatales en la nube, en grupos, en diferentes lugares nos hacen menos vulnerables“.  (Cuando le oigáis esta preocupación a algún presidente o ministro español, avisadme, por favor).

En definitiva, que la amenaza no es fantasma, que es seria. Para protegerse de ella y de un posible ataque que inhabilite el funcionamiento del país, el gobierno estonio está considerando guardar sus datos en la cloud: en la cloud privada (los datos concernientes al ejército o a los registros sanitarios seguirán “en casa”) y en la cloud pública, donde Estonia está considerando confiar en Amazon y en Microsoft para custodiar sus datos de catastro, tierras, y documentación administrativa.

Esta es su idea de cómo dirigir un país o un gobierno desde la nube. Su plan es que, en caso de ataque, puedan mantener los servicios y las funciones de gobierno ejecutándose desde servidores ubicados en las embajadas de Estonia en el extranjero, apoyándose y confiando tanto en infraestructura propia como en infraestructura de empresas. Con sus incertidumbres legales y técnicas, pero ya están en marcha para resolverlas y llevar a cabo el plan.

Un buen ejemplo de colaboración público-privada entre empresas y gobiernos, de mutuo interés y mutuo beneficio. Veamos otro. Ucrania y Uber.

Uber va a empezar a operar en Ucrania contando con el apoyo del gobierno, según anunciaba el viernes el ministro de Infraestructuras del país, Volodymyr Omelyan. ¿En qué va a ayudar Uber a Ucrania? A combatir la corrupción de su sistema de transporte en taxi. El gobierno se ve impotente e introduce competencia privada para combatir la corrupción, no deja de ser curioso… Por otro lado, el ministro de economía declaraba que necesitan introducir modelos de negocio como el de Uber en el mercado ucraniano. Uber ya está buscando acuerdos de colaboración en Ucrania para establecer el circuito de gestión de pagos.

No son los únicos… Hace ya mucho que el gobierno de Estados Unidos tiene su propio modelo de nube gubernamental apoyándose en Microsoft y Google, por ejemplo.

Colaboración público-privada, sinergias público-privadas… Deberíamos empezar a verlas con mucha más frecuencia y mucha más naturalidad de aquí en adelante.

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