Gobiernos, seguridad, y de nuevo, “puertas traseras”

Mientras el mundo sigue en shock tras los atentados en París, las agencias de ¿inteligencia? de ambos lados del Atlántico vuelven a traer a la palestra una discusión que creíamos que ya había sido cerrada: si los gobiernos pueden acceder al código utilizado para proteger las comunicaciones o a la información médica, personal y financiera, a través de una “puerta trasera” facilitada por las empresas.

Las autoridades estadounidenses y europeas se han apresurado a acusar a la tecnología de los ataques. Nadie mira al AK-47 con el que se asesina ni a su industria, parece que la culpa de todo la tiene Telegram. El director de la CIA, John Brennan, atribuyó la reciente popularidad de comunicaciones seguras poco menos que a “un montón de literatura barata acerca del esfuerzo que hace el gobierno para tratar de descubrir a los terroristas”, cuya consecuencia es poner en riesgo la labor de la CIA, que ahora tiene mucho más difícil la localización de los terroristas. Y se atreve dice esto el señor director de la CIA cuya cuenta de correo electrónico ha sido hackeada hace un mes por un grupo de adolescentes.

No ha sido Brennan el único. En estos días hemos visto declaraciones de diversos senadores americanos y de políticos europeos (por no mencionar las políticas de vigilancia ya anunciadas de UK, el ridículo de algún político belga que culpa a la PlayStation4, o las consecuencias contra la privacidad y los derechos fundamentales que se derivan del estado de excepción en Francia) que reavivan el debate acerca de si las empresas de tecnología deben cooperar con las autoridades mediante la construcción de puertas traseras” en los dispositivos y plataformas cifrados. El argumento es el de siempre: el cifrado de plataformas como iMessage, Telegram o WhatsApp, mina la capacidad de las agencias de inteligencia para controlar a los presuntos delincuentes y frustrar los posibles complots militantes.

Las principales empresas tecnológicas ya han expresado su opinión. “Después de una tragedia horrible como los ataques de París, viene, naturalmente, la búsqueda de soluciones. Pero el debilitamiento del cifrado no es una solución“. Esto afirmaba Dean Garfield, en representación de Apple, Google, Microsoft, entre otras grandes compañías TI.

Los defensores de la privacidad encuentran esta discusión acerca de las “back doors” o puertas traseras como un debate absolutamente cínico. Es más: el hecho de saber que hay una puerta trasera haría que dicha puerta fuese utilizada inmediatamente por los delincuentes y los terroristas.

 

Tim Cook, CEO de Apple, ya en junio, lo explicaba mejor que nadie, equiparando las puertas traseras a eso que tanto hemos visto en las películas americanas: dejar una llave bajo el felpudo. “Si dejas una llave debajo del felpudo para la policía, un ladrón también puede encontrarla. Los delincuentes están utilizando todas las herramientas de la tecnología a su alcance para hackear nuestras cuentas de correo y nuestro modo de acceso habitual a internet. Si los malos saben que hay una llave escondida en algún lugar que les facilita la entrada, no van a parar hasta que lo encuentren”.

De cajón, ¿no? Pensar que puedes dejar una puerta abierta para que la usen “sólo los buenos” y que la llave para abrir esa puerta la van a tener “sólo los buenos”, es de ilusos. Y después vendría el debate posterior: ¿cómo sabemos cuándo entran “los buenos”, qué datos miran acerca de nosotros y qué hacen con esos datos?. Además, los expertos en encriptación y criptografía afirman que los tipos de cifrado de organizaciones como Isis son mucho más sofisticados que la criptografía convencional utilizado por Apple o Google, que han sido los destinatarios principales de la presión para abrir esas puertas traseras. Por desgracia, la respuesta a la amenaza terrorista no puede ser tan simple.

El largo y complicado debate de si más seguridad implica menos libertad. Si el último debate sobre la seguridad y la privacidad entre empresas, usuarios y gobiernos fue definido por las revelaciones de Edward Snowden, el próximo debate va a ser definido por lo que sucedido en París.

Vía Reuters

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