La brecha digital no es binaria

Leía que en la India se va a construir la red de fibra óptica más grande del mundo, el proyecto NOFN. Este ambicioso proyecto tiene como objetivo conectar a las zonas rurales del país, para eliminar la gran brecha digital que existe entre los ciudadanos de las capitales y el resto. Para ello, el gobierno indio va a invertir 4.500 millones de euros para instalar unos 600.000 kilómetros de cables de fibra óptica para conectar 250.000 pueblos con una velocidad de 100 Mb/s.

Por brecha digital solemos entender que es la separación entre “los que tienen acceso a internet” y “los que no tienen acceso a internet”. A continuación viene el habitual discurso acerca de reducir al máximo esa brecha para conseguir que todo el mundo tenga acceso a una internet de alta velocidad como paso indispensable para la inclusión social, mejor educación y crecimiento económico.

Lo cual es cierto, pero no es del todo cierto. Como podemos ver en el gráfico del informe Society Global Internet, hay otra división más dentro de los que no tienen internet, que son aquellos que querrían estar online si pudieran y los que no tienen interés en conectarse, aun pudiendo.

En el diagrama se ve fácilmente. La barra azul oscura representa la población de cada país que está online, y la barra azul claro, los que no (por no tener acceso o no poder pagárselo). Dentro de la barra azul claro, la franja intermedia de tono más claro representa a los que no están online ni quieren estarlo, y como se puede ver, en la mayoría de los casos supera a aquellos que querrían poder conectarse.

Los reticentes respondieron en la encuesta, no que no tienen acceso a redes o que les parezca caro, sino que su falta de interés se debe a que no saben qué les puede aportar o para qué les va a valer.

Por poner un ejemplo más cercano: todos en España tenemos un DNI electrónico (con todo el esfuerzo técnico y presupuestario que ha supuesto ponerlo en nuestra cartera), pero ¿cuántos lo utilizamos?

La brecha digital no se trata solamente de llevar redes hasta el pueblo más remoto y poner precios asequibles. Desde luego, ese es el primer paso, e imprescindible. El paso siguiente, igualmente imprescindible, es impulsar el desarrollo de servicios y contenidos que aprovechen esa infraestructura, y que brinden a ciudadanos y empresas auténtico valor, de forma que la idea de conectarse y sacarle beneficio a todos los niveles sea un paso natural. No sólo se trata de que Internet sea accesible, sino también de actuar para que haya adopción y uso.

Vía Omicrono

Anuncios