Por qué el Reino Unido tiene una Oficina del Gobierno para la Ciencia y España no

La Oficina Gubernamental para la Ciencia del Reino Unido (traducción muy literal de Government Office for Science) acaba de anunciar a través de su Jefe y Consejero Científico Mark Walport (traducción muy literal de UK’s Government Chief Scientist Adviser) la publicación de su informe anual sobre la innovación, cómo gestionar los riesgos en lugar de evitarlos.

En este informe, se parte de la base de afirmar contundentemente que la ciencia y la tecnología pueden aportar grandes beneficios a la sociedad y al crecimiento de la economía. Sin embargo, algunas de estas innovaciones deben ser bien manejadas ya que no todas las innovaciones son intrínsecamente buenas. La historia está llena de innovaciones que han resultado ser fuente de graves problemas para la salud y para el medioambiente por no haber sido suficientemente estudiadas, por haberse puesto en marcha precipitadamente, o por haber perseguido tan sólo un beneficio económico ignorando los efectos secundarios. Se citan ejemplos como el amianto, el fracking o la talidomida. Estos dos últimos nos son tristemente familiares.

Teniendo en cuenta esas consideraciones, el informe del Chief Scientific Adviser aporta sus recomendaciones a los responsables de la toma de decisión política sobre cómo gestionar ese riesgo, considerando las diferentes perspectivas: la de los ciudadanos, la de las empresas, la de la ciencia. El informe pretende ayudar en la toma de decisiones individual y colectiva sobre cuándo y cómo innovar sobre todo dirigiéndose fundamentalmente a los encargados de escribir las leyes.

El informe es interesante pero yo me quedaba un poco más atrás. Me preguntaba por qué el Reino Unido tiene un Consejero Científico y España no. O lo que viene a ser lo mismo, por qué el Reino Unido ha visto clara la necesidad de tener una Oficina para la Ciencia dedicada a aconsejar al gobierno en base a las mejores evidencias científicas y pensamiento/estrategias a medio y largo plazo para asegurarse que las políticas y la toma de decisión que afecta a los británicos están bien fundamentadas, y España no.

No tengo respuesta.

Vía The Guardian

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